El vainvén de la paz en Colombia

Por  Carolina Graterol

Oto Highita hizo la presentación este sábado 22  de junio en la sede del sindicato Unite the Union de Londres de su ensayo titulado “El fracaso de los acuerdos de paz”, publicado en junio del año 2018, donde se esboza una especie de muerte anunciada de estos acuerdos.

El evento contó con la participación de un nutrido público. Carlos Cruz, activista político colombiano, fungió como moderador de esta presentación, que forma parte de la gira por Europa que realiza Oto Higuita para promocionar su libro.

Para Higuita la falta de implementación de los acuerdos de paz en Colombia se debe a que han retornado al poder lo que él llama ‘los partidos de la guerra’, que están del lado del ex presidente Alvaro Uribe Vélez y del candidato sacado de su manga, Ivan Duque, ahora presidente de Colombia.

Higuita junto con Carlos Cruz en la presentación de su libro.

El historiador explica que Juan Manuel Santos, un burgués de cuna del sector financiero tradicional de Colombia, es visto como un traidor por Uribe Vélez, primero por su propuesta de sentarse a discusiones de paz con los movimiento guerrillero Farc y posiblemente con el ELN de Colombia, y también por  reconocer que en Colombia había un conflicto social y armado.

“Recordemos que la tesis de partidos como el Centro Democrático, sostenían que en Colombia lo que había era una banda de terroristas que atacaban al gobierno y a la sociedad”, afirma el ensayista.

El ensayo de Higuita ofrece una contextualización de la historia de Colombia desde la década de los 40 del siglo pasado, entre otros temas.

El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, según Higuita, tuvo una connotación histórica porque abrió la vorágine de contradicciones en la sociedad colombiana.

A ese evento le siguió la amnistía y el armisticio ofrecida por presidente Gustavo Rojas Pinilla, que no llegó a dar frutos porque su lema “pan, paz y libertad” implicó también  el asesinato de comandantes de las guerrillas liberales como Guadalupe Salsedo y Dúmar Aljure, entre otros, siguió exponiendo el también bloguero de Telesur.

Higuita, que estuvo exiliado diez años en Suecia, detalla que el conflicto interno del país crea un conflicto de guerra civil donde el discurso conservador y reaccionario ataca a los campesinos liberales. Ese conflicto hace que se formen unas guerrillas liberales muy fuertes en los llanos y el posterior asesinato de sus líderes ya mencionados.

En los 30 años que van desde la década de los 50 y la de los 80 se dieron varios episodios, como la fundación del Frente Nacional, un pacto de elites de los partidos tradicionales para pacificar y repartirse el poder político entre conservadores y liberales que se extendió por 16 años, donde un grupo gobernaba por cuatro años y el otro los cuatro años siguientes, como indica Higuita.

 

Hay enemigos agazapados de la paz

Luego vino el mandato del presidente Belisario Betancur, en los 80, que trató de propiciar una mesa de diálogo con la guerrilla que fracasó. De nuevo, los sectores más militaristas y reaccionarios truncaron el acercamiento entre guerrilla y gobierno.

 

Vista del evento en la Universidad SOAS de Londres.

La frase de Otto Morales Benitez, presidente de la Comisión de Paz de ese entonces, cuando afirmaba que “hay unos enemigos  agazapados de la paz muy poderosos que impiden cualquier acuerdo” se hizo célebre, apunta Higuita.

Oto recuerda que en los 80 salió la propuesta de la Unión Patriótica, para que gente simpatizantes de las Farc, del partido comunista y otras organizaciones pudiera participar en elecciones legalmente sin ser asesinados.

Ya sabemos que justo en esa época se inició una ola de masacres, asesinatos y exterminio sistemático de candidatos de izquierda junto con exilios forzosos, precisa Higuita.

El asesinato del excandidato presidencial y jefe de la Unión Patriótica, Jaime Pardo Leal, que muchos dicen fue el preámbulo de una etapa mucho más sangrienta caracterizada por asesinatos colectivos y la consolidación del paramilitarismo en Colombia, cierra esta década triste en la historia de este país suramericano, como señala Higuita.

En la década de los 90 asesinan a  Carlos Pizarro Leongómez, para entonces candidato a la presidencia de Colombia por el Movimiento Diecinueve de Abril (M-19), a Bernardo Jaramillo, presidente de la Unión Patriótica y a muchos más, rememora Higuita.

Estos asesinatos demostraban que la participación política y la legalidad no eran viables  para el sector de la izquierda del país, afirma el escritor colombiano.

 

Siempre le queda una pata coja a la mesa

El gobierno de César Gaviria, en la década de los 90, deja como resultado la asamblea nacional constituyente que crea una constitución donde se asoma un estado social de derecho, dice Higuita.

“Pero desde ese momento se comienza a sufrir una contra reforma permanente. La constitución ya lleva unas 25 reformas para quitarle los aspectos más democráticos y avanzados. Todo esto hecho por la derecha que sintió estaba perdiendo espacio”, en opinión del autor.

Gaviria llega a un acuerdo con el M19 y el EPL y otros grupos pequeños de guerrillas.  Pero la FARC y el ELN quedan por fuera. “Siempre le queda una pata coja a la mesa” en opinión de Higuita, porque se suscitan hechos como el ataque de Gaviria a “La Casa Verde”, con el fin de desmantelar el Estado Mayor y el  Secretariado de las FARC-EP. Y así comenzó otro ciclo de violencia.

El historiador y autor colombiano Oto Higuita.

De 1990 al 2000 el movimiento guerrillero tuvo un desarrollo exponencial y con capacidad de desmembrar el país. La oligarquía decide abrir un diálogo con las guerrillas, pero con la guerra todavía activa en el territorio, como lo apunta el también egresado de UCL de Londres.

Al final del gobierno de Pastrana viene el Plan Colombia, donde los Estados Unidos se involucra para venderlo como ‘la guerra contra las drogas’, pero en realidad la esencia de este plan era contener el empoderamiento de la guerrilla en ese momento, de acuerdo con Higuita.

A principios de este siglo llega Alvaro Uribe Vélez al poder. El discurso del ex presidente Alvaro Uribe es de talante conservador, reaccionario, ligado a los terratenientes, a la defensa de la propiedad privada y una devoción por el catolicismo más conservador, como acota el ensayista colombiano.

Uribe se propone la fundación de partidos nuevos porque se da cuenta que el bipartidismo estaba herido de muerte. El nuevo partido Centro Democrático de Uribe que “ni es centro, ni es democrático’, junto con el partido Cambio Radical, partido de la U, son básicamente un reacomodo de las corrientes liberales y conservadoras para seguir manteniéndose en el poder, pero con distintos partidos, según el prolífico columnista.

Para Higuita el estado de opinión que se crea a través de los medios de comunicación con un bombardeo constante a favor de unos intereses particulares termina convenciendo a la gente, sobre todo la más excluida y golpeada por la violencia, para que vote por la derecha, como se ha visto en Colombia.

El plan Colombia duró 15 años con capturas masivas de gente acusada de terrorista. En realidad Uribe se apropió del discurso del  entonces presidente George Bush (hijo) y lo aplicó a Colombia.

En el 2008 se hace una masiva protesta contra las FARC en las que participaron millones de personas en Colombia y en el mundo que para Higuita es la culminación de todo ese bombardeo de los medios en contra de la guerrilla.

Pero fue el elemento militar, tecnológico y de inteligencia militar del plan Colombia que más golpeó a las guerrillas y las arrinconó para convertirlas en pequeñas unidades desconectadas y sin el poder militar del que gozaban anteriormente, destaca Higuita. 

La muerte de Alfonso Cano, ordenada por Santos en 2011 casi termina con el abandono de Timochenko y otros jefes de la FARC de las mesas de diálogo. Pero movimientos sociales como la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos y la Minka campesina impulsan los acuerdos de paz hasta la firma del tratado en La Habana.

“Lo que transversaliza mi ensayo es explicar por qué los ya cinco acuerdos de paz en Colombia han fracasado a lo largo de la historia”, aclara el autor.

La idea de estos acuerdos es que desapareciera la confrontación armada contra el Estado, pero también que la sociedad permitiera la participación política de esas fuerzas políticas y demostrar si era cierto que había Estado Social de Derecho en Colombia y estos elementos siempre han quedado incumplidos, concluye Higuita.

 

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