Londres, 29 de agosto de 2020

 

Hace apenas tres meses, Dominic Cummings, la voz que susurra al oído de Boris Johnson, sufrió la humillación de tener que comparecer en una insólita rueda de prensa para explicar por qué se había saltado a la torera el confinamiento que por entonces dominaba la realidad del Reino Unido. Apelando al sentido común, y pese a presentar síntomas de Covid19, había decidido conducir, junto a su mujer e hijo, los 500 kilómetros que separan su residencia de Londres de la casona de sus padres en los aleñados de Durham, al Norte de Inglaterra.


Dominic Cummings explicándose en la rueda de prensa en el patio de las rosas. 10 Downing Street (AP)

Días después de aquel viaje, los tres fueron avistados por las proximidades del bucólico Castillo de Barnard, a pocos kilómetros de la granja familiar. Cuando Cummings intentó justificar esta segunda “pillada” en su comparecencia ante los pesos pesados del panorama mediático británico adujo que el virus había afectado a su vista, y que, con la intención de poner a prueba su estado, decidió meter a su familia en el coche y conducir desde la finca de sus padres al paraje del castillo. Era, defendió en su intervención, un test de conducción que debía hacer para comprobar si estaba en condiciones de volver a Londres.

 

Barnard Castle, Paraje donde se le vio paseando con su familia (English Heritage)

Nadie se creyó los argumentos, pero poco a poco, titular tras titular, lo que había sido una clara infracción contra la salud pública quedó en el olvido.  

 

Yo no me puedo saltar las normas de esa manera flagrante,y mucho menos salir victorioso, así que prefiero poner a prueba mi agudeza visual en la National Gallery cuando no hay confinamiento.

 

Quiero ver qué se siente al entrar en una de laspinacotecas mas importantes del mundo, en uno de los momentos mas críticos de la historia contemporánea, en el que la Covid 19 y el Brexit amenazan con demoler el Reino Unido e incluso Europa como los conocemos.

 

Al museo hay que acceder previa reserva, a través de una puerta secundaria y, por supuesto, es obligatorio llevar mascarilla. Después de varios controles de seguridad, la primera impresión es que hay más trabajadores que visitantes. Puede que sea la única ocasión que tenga para sentarme frente al “Sansón y Dalila” de Rubens sin que nadie pase por delante o sin que tres o cuatro turistas me estropeen la vista.

 

Samsón y Dalila, Rubens

Es un espacio inmenso y notablemente más silencioso de lo habitual. Aprovecho el lujo de estar casi a solas, y no solo me siento frente a un Rubens, sino que también hay otros maestros que me ayudan a afinar mi agudeza visual, invitándome a acomodarme en los elegantes asientosestratégicamente ubicados frente a ellos.

 

Empiezo a pensar que quizá esta es la otra cara de la moneda, cuando el ciudadano de a pie, por culpa o gracias a un virus, puede acceder a un importante museo de la transcendencia de la National Gallery de Londres sin la afluencia que sería de esperar. Mientras contemplo las emociones en los rostros de los retratos de Rembrandt, me doy cuenta del privilegio que estoy viviendo y rozo la felicidad explorando los británicos paisajes de Constable. Sin prisas, sin turistas, sin madres que lleven a sus bebés a llorar al museo, sin….respiración.

 

Cuando entré en la sala dedicada al Siglo de Oro Español, no me lo podía creer. Estaba acompañado tan solo por unasistente de galería que, entre  los Velázquez y  Zurbarán se paseaba parsimoniosamente, haciendo crujir a cada paso el desgastado parqué. La respiración se sentía más intensa tras la mascarilla y encontrarse casi a solas ante esa belleza me llevaba a pensar que era como un astronauta procedente de otra era, descubriendo este lugar repleto de objetos que se hacían en tiempos olvidados.

 

Sala vacía dedicada al Siglo de Oro Español

La fantasía distópica me duró un buen rato, justo hasta queme senté ante un cuadro de tamaño medio llamado “El Muelle de Calais”, pintado por Turner. Se puede ver cómo un barco inglés, atestado de gente lucha por librarse de una fatal colisión contra un pesquero francés. El mar está picado y las condiciones climáticas son terribles, pero la pericia del capitán permite que todos se salven. Esta obra,inspirada en una experiencia del propio Turner, hizo que ese astronauta con mascarilla en el que me había transformado, maravillado al descubrir las obras de una civilización perdida, se disolviera para reencarnase de nuevo en el yo que existe en el incierto presente que vivimos.

 

El Muelle de Calais, Turner

Pienso en Dominic Cummings y la memoria selectiva británica, pienso en Boris Johnson, en el Brexit, en la que se nos viene encima y en esas aguas turbulentas y espero, al menos, que tengan bien afinada la vista para cuando se produzca la inevitable colisión.

 

Ya no quedaba astronauta ensimismado y allí, tras los muros de la National Gallery, recordé el estremecedorgrito de Charlton Heston al toparse con la Estatua de la Libertad al final de “El Planeta de los Simios”: “He vuelto, he vuelto a mi casa otra vez… Durante todo este tiempo, no me he dado cuenta de que estaba en ella. Maniáticos, lo habéis destruido, ¡os maldigo a todos!”

 

Todos los derechos reservados © Material proveído y escrito por:  Luis González-Páramo Mendicuti

 

 

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